
Dentro de las lesiones más temidas de un atleta, sea de alta competencia, deportes individuales, colectivos, de contacto o no, está la rotura de Ligamento Cruzado Anterior.
El ligamento Cruzado anterior (LCA) es el principal estabilizador estático de la rodilla y junto a los estabilizadores dinámicos (músculos) proveen a la misma de seguridad en las exigencias a la que es sometida, en especial en el área deportiva. Anatómicamente, el ligamento está formado por dos componentes que modifican su tensión según la posición de la rodilla: la banda anteromedial (AM) que se tensa en flexión, mientras que la banda posterolateral (PL) se tensa durante la extensión.
Ahora bien, la lesión del LCA suele presentarse por traumatismo en la rodilla debido a la desaceleración con o sin contacto (contrario a lo que parece, la mayoría de las lesiones ocurren con este último) estos mecanismos de lesión superan el pico de resistencia máxima del ligamento, cerca de la posición de extensión de rodilla con rotación externa y valgo. Por otro lado, uno más asociado al trauma de contacto es por hiperextensión de la rodilla con rotación interna.
Es por ello que, el temor del deportista por esta lesión yace en la reconstrucción del ligamento roto que, es sustituido por tejido proveniente de tendones, ya que generalmente está asociado a los tiempos de recuperación después de la cirugía que oscila (entre 6 y 9 meses), los estrictos protocolos de rehabilitación son tan importantes como la cirugía misma, la readaptación deportiva y recuperación del gesto deportivo.
Es por ello que, el resultado del examen físico va a depender del momento de la evaluación, ya que en los primeros días, la inflamación y la hemartrosis (sangre dentro de la articulación) producto de la rotura del ligamento y por ende, de los vasos (venas y arterias) que lo nutren, así como el dolor a la movilización de la rodilla para realizar el proceso de flexo extensión, dificultan las pruebas de exploración para verificar estabilidad de la misma, por este motivo se indican medidas generales para control del dolor e inflamación y posteriormente, la exploración posterior para cuando estos síntomas y signos hayan mejorado.
Ahora bien, las pruebas que permiten determinar la insuficiencia del ligamento para evitar el desplazamiento anterior de la tibia (rotura total o parcial del ligamento) tienen en su mayoría una alta sensibilidad y especificidad, debido a ello, los cirujanos ortopedistas tenemos nuestras preferencias. De este modo, las pruebas del Test de Lachman es el más utilizado junto al Test del Cajón anterior, el Pívot Shift es altamente sensible, pero tiene la dificultad de que el paciente que lo tolera sin oponer resistencia, es generalmente un paciente con una inestabilidad y lesión crónica o un paciente ya anestesiado en sala quirúrgica; particularmente lo uso en sala quirúrgica previo a la cirugía y en algunos pacientes crónicos y con una musculatura hipotrofia. Por otro lado, el test de Lelli`s con su signo de Lever, ha ganado espacio entre los test para determinar rotura de ligamento, al ser cómodo para la realización sin importar el tamaño del paciente, de su muslo y su rodilla; tiene una alta sensibilidad y especificidad, alcanzando incluso en algunos estudios una especificidad entre 86 y 100%.
Por otro lado, existen ocasiones en que algún paciente con lesión de LCA aguda, inicia un proceso de negación dado que con el pasar de los días comienza a experimentar mejoría en cuanto al dolor, limitación para los movimientos de flexo extensión y el proceso inflamatorio, estos síntomas pueden incluso desaparecer y hacer creer al paciente que, la situación no fue tan grave, esto sucede generalmente después de 3 a 4 semanas volviendo estos a sus actividades cotidianas, no es sino después de un movimiento de aceleración-desaceleración o rotación que reaparece el dolor y la inestabilidad pudiendo ser más intensa si se asocian otras lesiones (lesión de menisco, lesiones de cartílago entre otras).
De la misma manera, quienes deciden no ir a cirugía para poder llevar a cabo las actividades de la vida diaria, modificar la actividad deportiva o abandonarla por completo, deben ser informados de que ese micromovimiento por la inestabilidad de la rodilla puede acelerar un proceso osteoartrósico precoz.
En última instancia, la reconstrucción del LCA es una de las cirugías más estudiadas y evaluadas tanto en la selección del tipo injerto, ubicación de túneles, métodos de fijación y protocolos de rehabilitación, existiendo múltiples técnicas, con selección de injertos propios del paciente (autólogos), provenientes de cadáveres (aloinjerto), incluso sintéticos.
En caso de injertos autólogos y aloinjerto, los mismos pueden provenir de distintas partes anatómicas: tendón de Aquiles, tendón rotuliano, músculos isquiotibiales, tibial anterior y en los últimos tiempos, apuntando al uso de tendón cuadricipital.
Todos estos sustitutos ofrecen garantía de resistencia, los cuales superan en mucho la resistencia del ligamento nativo (original), por lo que la decisión sobre su escogencia está fuertemente influenciada por la experiencia y formación del injerto utilizado por el cirujano.
Finalmente, nuestro papel como Cirujano Artroscopista en la reconstrucción del LCA es lograr devolver de manera más anatómica y funcional la estabilidad de la rodilla del atleta, permitiendo su reintegro a las actividades deportivas con el mismo nivel previo a la lesión.
Dr. Edilio Diaz (Médico Cirujano Ortopedista)
@diazsport en Instagram
@diazsport en Twitter
COMPARTE ESTA PUBLICACIÓN
